sábado, 9 de abril de 2011

Bienvenido al bucle


Le ponen diferentes nombres a una misma situación. Son diferentes sujetos que intervienen en una misma realidad pero al fin y al cabo siempre los mismos. Grandes y pequeños individuos deciden el presente y el futuro de millones de personas. Individuos que no tienen bastante con joder a su propio pueblo que van a meter las narices en un conflicto interno. Conflicto interno en el que mueren civiles, sí. Por algo se le llama guerra civil. Guerra civil como aquella que hubo entre 1936 y 1939 donde murió la democracia. Democracia que subyuga los habitantes de la llamada “piel de toro” tras las nuevas modificaciones de un gobierno de derechas disfrazado de izquierdosocentral. Gobierno que parece obcecado en destruir a las futuras generaciones que ya bastante agrietadas están con esos nuevos movimientos sociales basados en el goce y el disfrute más que en una preocupación del tipo “que será de mí cuando padre y madre no me den cuartos para irme por ahí” o del tipo “quiero independizarme, vivir mi vida y demostrarle al mundo lo que valgo”. Generaciones que a los cuarentaytantos se verá en un bucle viviendo del subsidio de un país cada vez más de malestar y menos social que dentro de poco privatizará derechos tan fundamentales como la educación o la salud. Se respiran vientos de un americanismo que influye en el Antiguo Continente que ha resistido a multitud de conflictos internaciones, a una separación entre el bloque capitalista y el socialista y a una posterior unificación “con el fin de hacer de Europa un territorio plural” pero donde realmente influyen los diferentes lobbys poderosos repartidos por todos los países pertenecientes a la UE. Países de la UE que al tiempo son parte en la OTAN. OTAN que ha bautizado en los últimos años el término “guerra” en diferentes ocasiones o añadiéndole un apelativo que apacigüe su principal significado. Guerras, cuyo objetivo fue, es y será el petróleo. Petróleo que hace ganar dinero a las grandes petrolíferas que cambien favores políticos por algún barril que otro. Políticos que dicen querer salir de la crisis pero ni se bajan los sueldos ni acceden a viajar en clase turista para sus cansados trabajos de maniquís. Trabajo de maniquí que cualquier hijo de la tierra humilde haría mejor y de manera más honrada. Honra que parece haberse perdido en el mundo en el que vivimos donde lo único que vale es un papelajo con números. Papelajo con números que condena a la miseria al ciudadano medio. Ciudadano medio que se mantiene postergado en un segundo plano en el que nada cree que puede hacer.
Y para no perder las malas costumbres la típica frase de acabar. Esta vez de un grupo de música:
“El camino a seguir lo marco yo” o mejor aún “Nada hay bajo el sol que no tenga solución”
Agur chavales.

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